viernes, 11 de noviembre de 2011

NUEVA NOVELA: "A la sombra de los almendros"



Rueda, como la música de los Stones, otra novela por la ciudad de los Búcaros: "A la sombra de los almendros". Después de tres meses de un triste silencio personal y de tener bajo llave los libros impresos, salen a la luz.

Una novela escrita en los noventas, una novela mayor (en edad, claro) de un escritor que apenas se las cree (risas). Ahora que oigo a Jimmy Wolf y a Alvin Lee de fondo, sudando su blues descarnado mientras escribo desde mi ordenador, me parece sorprendente recordar que esas novelas se escribían a mano y a máquina. Sorprendente que además en esos días aun tuvieramos con algunos amigos una bella relación epistolar (cuando la correspondencia requería de estampillas y se pensaba lo que se escribía)... Bienvenidos a mi blues, es lo único que puedo decir ahora, en la noche en que escribo, ojalá la lean, ojalá entren a la jam session, y la disfruten como lo hicimos quienes la corregimos y revisamos. Invitados desde ya a su lanzalmiento oficial en la sede de FUSADER, en Bucaramanga, el jueves 24 de noviembre a las 6 p. m., LIBRERÍA TRES CULTURAS...

Los dejo con la presentación de las primeras páginas:

"A la sombra de los almendros es un homenaje a una calle de la infancia. Esto no dice mucho, pero fue la calle que me dio refugio en los días más tristes y la calle que me vio pasar en los mejores momentos. Es una calle que se ha mantenido con sus almendros y con sus fantasmas aun cuando sus casas han ido desapareciendo para ser reemplazadas por vulgares edificios.

"A la sombra de los almendros es también un homenaje a la ciudad, a la Bucaramanga que ya no existe, cargada de fantasmas porque son la memoria fresca que aun la mantiene viva en su avance y transformación dispar. También es el recuerdo de algunas bibliotecas: la del abuelo, la del colegio, la de los amigos. Un recuerdo que acompaña la soledad que produjo escribir en la adolescencia y al tiempo jugar con la música, mientras aparecía el sueño de tocar en la guitarra un buen blues, de leer a los amigos cercanos uno que otro poema, uno que otro cuento y de cerrar el ciclo de historias con las historias de los muchachos desorientados que éramos.

"Todo empezó con libros, en este caso, con unos poetas que se encuentran en el parque Santander para hablar de lo que leen y escriben y con unos niños que juegan a ser adolescentes y que encuentran en las salas de billar el refugio para sus frustraciones.

"Recuerdo por esos días que un primo me mostró el primer álbum de la Electric Light Orchestra y que para la impresionante presentación musical de la 10538 Overture traía una foto de un hombre subido en una máquina voladora, creo que era una de las máquinas voladoras de Da Vinci; esa música y ese retrato me llevaron a soñar con la imagen de un hombre sobrevolando la ciudad, explorándola y redescubriéndola desde las alturas sin que nadie, por la congestión de las calles, las ocupaciones, la tristeza de la vida cotidiana, reparara en él.

"A la sombra de los almendros fue la primera novela que escribí y que ocupó mi atención entre 1993 y 1994, novela, que por ser la primera, nunca pude olvidar, y si por esos días un escritor vio fantasmas caminar por los parques y un isleño cantó blues en sus jardines, espero que la publicación permita que sobrevivan sus personajes y que pueda seguir hablando con ellos a través de sus lectores."

C. A. G. L.

martes, 8 de marzo de 2011

Un amante de Virgilio

El asunto no promete,pensó.

Horacio había pasado un largo rato meditando sobre el libro de Broch.
La copia que tenía no era la mejor y de nada servía acudir a la Eneida. Una y otra vez el destino era definido por los dioses. Había escrito que enfermo iba a recorrer los misterios de la geografía hasta llegar a Megara y allí recabar sobre los sucesos... Pero la enfermedad atacó y lo llevó a la muerte. La naturaleza es así.

Después lo vi caminar por el parque de las palmas con sus papeles. Le pregunté por lo que escribía. Poemas, dijo. Asuntos del alma.

Me reí. Le dije que estaba leyendo a Propercio, que si él ya había terminado con la Eneida y me miró en protesta con algo de rabia: Con la Eneida no se acaba, con Virgilio menos, los otros son menores como menor es el camino que separa la vida de la muerte...

Algo va mal, pensé.
No lo puedo invitar a un café, el café lo puede intoxicar más.

Me leyó dos textos, en el primero contaba en verso como había llegado a sus manos, por vez primera, la Eneida, una pésima traducción...

En el segundo cantaba el encuentro de Virgilio con Dante, exudaba los rastros del averno, cantaba el amor por la vida, el temor por los designios divinos, las sobras de lo contingente, de lo humano.

Me dijo antes de seguir su camino:

Somos débiles pájaros de un dios caprichoso,
sólo tenemos unos segundos,
sólo un destello es la felicidad,
lo demás es desaire,
verguenza y nostalgia.

Horacio se fue hace unos días para la Guajira, no he vuelto a saber de él...
Quizás el viaje era su destino,
su destino final.

jueves, 28 de enero de 2010

Un libro para melómanos. Entrevista a Juan Carlos Garay.


A Juan Carlos Garay lo conocí en el 2007, en Bucaramanga, luego de un conversatorio sobre su primera novela, La nostalgia del melómano. Le comenté sobre un proyecto de historia del blues que estaba escribiendo y me dio su correo electrónico para darme su opinión sobre los textos. No le envié nada, por descuido. Hace unos días leí su novela y quedé impactado: el melómano verdadero estaba ahí, con toda la carga que se requiere para serlo, detrás de unos discos, detrás de las historias de los músicos y de las versiones de las piezas musicales. No pude resistir escribirle a su correo, comentando algunos asuntos de su novela, agradeciéndosela y sugiriéndole la posibilidad de entrevistarlo. Me respondió de inmediato, comentándome que La nostalgia del melómano “…es una novela escrita con amor a la música y con una influencia muy profunda de un escritor hindú llamado Vikram Seth”. Le envíe las preguntas. Hoy las recibo resueltas en mi correo electrónico.


-En "La nostalgia del Melómano" Efe busca la prueba veraz de la
grabación de Cheo Feliciano de El ratón acompañado por Eric Clapton en
la guitarra. ¿Es un hecho cierto o es otra de las historias que los
melómanos vamos repitiendo de cuando en cuando?
-Es un mito urbano maravilloso, y yo que estuve indagándolo puedo decir que es perfectamente posible. La investigación que hace Efe en la novela fue la misma que hice yo. La conclusión: Eric Clapton y Cheo Feliciano coincidieron en la ciudad de Miami en 1974, y tenían en ese momento intereses musicales comunes.

-¿Por qué usó la Sonata Opus 69 en la mayor para violonchelo y piano de
Beethoven en esa versión de Pierre Fournier, Friedrich Gulda?
-Lo de la versión de Fournier y Gulda es más bien gratuito: es una versión estupenda, por supuesto, pero podría funcionar otra. Quisiera hablar más bien de la obra, de la Sonata Opus 69 para piano y violonchelo, con la cual tengo una historia personal. En el invierno de 1997 me encontraba yo viviendo en Washington como estudiante y pasando la temporada más fría de mi vida: estaba solo, lejos de casa, mi novia me había abandonado y me había agarrado una gripa que para rematar vino acompañada de mi primera depresión. No recuerdo haber estado, antes ni después, en un estado tan lamentable. Y de pronto sucedió una cosa como milagrosa: encendí la radio y estaba sonando esa Sonata de Beethoven. Era la primera vez que la oía y sentí cómo me iba curando. Esto puede sonar fantasioso, pero es verdad: recibí un tratamiento intensivo de musicoterapia. No se me quitó la gripa ni regresó mi novia arrepentida; simplemente pude ver las cosas desde una perspectiva distinta, con tranquilidad, sin drama.


-¿Como escogió o por qué a Sam Maynard?
-Sam Maynard, más que un personaje, es para mí un símbolo. Durante los alocados años 20 fueron muchas las figuras que aparecieron en el panorama de esa música entonces novedosa llamada jazz. Grabaron discos y estaban camino a la cima, cuando de pronto vino la caída de la bolsa en 1929. Esto afectó muchos espacios pero particularmente me interesaba lo concerniente a la industria discográfica. Las disqueras tuvieron que recortar su nómina de artistas y muchos excelentes músicos se quedaron con una o dos grabaciones y desaparecieron de la escena para siempre. Sam Maynard representa esa generación de músicos víctimas de la recesión económica.

-Si usted tuviera que escoger, ¿preferiría el mundo del acetato o del
disco compacto? ¿Por qué?
-En realidad me gusta la manera en que la música se está difundiendo ahora. Creo que el momento de declive de la industria discográfica y el hecho de que ahora el internet sea el medio de difusión, puede ser el camino hacia una democratización. Como dice el músico Juan David Castaño, hay que empezar a cambiar el concepto de “piratería”, porque no se trata de eso. Nadie está delinquiendo, sólo están copiando y compartiendo la música.

-Qué le espera a un melómano hoy, claro, uno como Efe, que se parece a
todo melómano en propiedad... ¿soledad? ¿Música para sobrevivir? ¿Neurosis?
-En algún momento de la novela se habla de la nostalgia del melómano como una enfermedad y se dice incluso que se han detectado varios casos clínicos; pero también se dice que la enfermedad tiene remedio y el remedio consiste simplemente en escuchar más música. Eso es la melomanía.


-¿Cuánto duró el proceso de escritura de la novela y cómo fue ese proceso?
-Fueron dos años o un poco más. No me queda mucha memoria de todo el proceso, pero sí puedo decir dos cosas. Primero, que todo fue muy intuitivo, por la sencilla razón de que yo nunca antes había hecho una novela. Y segundo, que ahí están condensadas muchas cosas que yo viví o experimenté o imaginé desde muy pequeño: está mi abuela y los cuentos que me contaba sobre Gardel, están muchas cosas de mi historia. Entonces cuando digo que me demoré dos años tal vez estoy mintiendo, en justicia me demoré 28 años, que es la edad que tenía cuando empecé a escribirla.

-La nostalgia del melómano también gira como los discos, una historia que puede recomenzar cada vez que se quiera, hasta que perduren los surcos... ¿hasta dónde se mezclan ficción y realidad?
-Yo creo que en la novela se pueden identificar dos planos: uno son los personajes y el otro los discos que escuchan estos personajes. Esa manera de verlo es, a grandes rasgos, la pista para saber dónde está lo real y donde la invención. Los personajes son ficticios, salvo contadas excepciones y los discos son reales, salvo contadas excepciones. ¿Cuáles son esas excepciones? Ése es el secreto.

-¿Qué opinión tiene usted de la crítica musical en Colombia?
-Me gustaría que tuviera más espacio en los medios, pero no tanto como “crítica” sino como una guía apenas. Que los medios dijeran: “esto es lo que hay” y mostraran las múltiples músicas que existen en el planeta, no solamente cuarenta canciones que se repiten una y otra vez. Y que no confundan hablar de música con hablar de la vida privada del músico.

-¿Cuándo tendremos noticia de su producción literaria nueva?
-Hombre, a mí también me gustaría saber. Ya hay una novela escrita, se llama “La luna”. Ya está escrita, sólo hay que esperar la decisión de los editores.



Entrevista originalmente publicada en la revista electrónica La Tercera Orilla de la Facultad de Literatura de la UNAB VIRTUAL No. 2.
A Juan Carlos Garay lo conocí en el 2007, en Bucaramanga, luego de un conversatorio sobre su primera novela, La nostalgia del melómano. Le comenté sobre un proyecto de historia del blues que estaba escribiendo y me dio su correo electrónico para darme su opinión sobre los textos. No le envié nada, por descuido. Hace unos días leí su novela y quedé impactado: el melómano verdadero estaba ahí, con toda la carga que se requiere para serlo, detrás de unos discos, detrás de las historias de los músicos y de las versiones de las piezas musicales. No pude resistir escribirle a su correo, comentando algunos asuntos de su novela, agradeciéndosela y sugiriéndole la posibilidad de entrevistarlo. Me respondió de inmediato, comentándome que La nostalgia del melómano “…es una novela escrita con amor a la música y con una influencia muy profunda de un escritor hindú llamado Vikram Seth”. Le envíe las preguntas. Hoy las recibo resueltas en mi correo electrónico.


-En "La nostalgia del Melómano" Efe busca la prueba veraz de la
grabación de Cheo Feliciano de El ratón acompañado por Eric Clapton en
la guitarra. ¿Es un hecho cierto o es otra de las historias que los
melómanos vamos repitiendo de cuando en cuando?
-Es un mito urbano maravilloso, y yo que estuve indagándolo puedo decir que es perfectamente posible. La investigación que hace Efe en la novela fue la misma que hice yo. La conclusión: Eric Clapton y Cheo Feliciano coincidieron en la ciudad de Miami en 1974, y tenían en ese momento intereses musicales comunes.

-¿Por qué usó la Sonata Opus 69 en la mayor para violonchelo y piano de
Beethoven en esa versión de Pierre Fournier, Friedrich Gulda?
-Lo de la versión de Fournier y Gulda es más bien gratuito: es una versión estupenda, por supuesto, pero podría funcionar otra. Quisiera hablar más bien de la obra, de la Sonata Opus 69 para piano y violonchelo, con la cual tengo una historia personal. En el invierno de 1997 me encontraba yo viviendo en Washington como estudiante y pasando la temporada más fría de mi vida: estaba solo, lejos de casa, mi novia me había abandonado y me había agarrado una gripa que para rematar vino acompañada de mi primera depresión. No recuerdo haber estado, antes ni después, en un estado tan lamentable. Y de pronto sucedió una cosa como milagrosa: encendí la radio y estaba sonando esa Sonata de Beethoven. Era la primera vez que la oía y sentí cómo me iba curando. Esto puede sonar fantasioso, pero es verdad: recibí un tratamiento intensivo de musicoterapia. No se me quitó la gripa ni regresó mi novia arrepentida; simplemente pude ver las cosas desde una perspectiva distinta, con tranquilidad, sin drama.


-¿Como escogió o por qué a Sam Maynard?
-Sam Maynard, más que un personaje, es para mí un símbolo. Durante los alocados años 20 fueron muchas las figuras que aparecieron en el panorama de esa música entonces novedosa llamada jazz. Grabaron discos y estaban camino a la cima, cuando de pronto vino la caída de la bolsa en 1929. Esto afectó muchos espacios pero particularmente me interesaba lo concerniente a la industria discográfica. Las disqueras tuvieron que recortar su nómina de artistas y muchos excelentes músicos se quedaron con una o dos grabaciones y desaparecieron de la escena para siempre. Sam Maynard representa esa generación de músicos víctimas de la recesión económica.

-Si usted tuviera que escoger, ¿preferiría el mundo del acetato o del
disco compacto? ¿Por qué?
-En realidad me gusta la manera en que la música se está difundiendo ahora. Creo que el momento de declive de la industria discográfica y el hecho de que ahora el internet sea el medio de difusión, puede ser el camino hacia una democratización. Como dice el músico Juan David Castaño, hay que empezar a cambiar el concepto de “piratería”, porque no se trata de eso. Nadie está delinquiendo, sólo están copiando y compartiendo la música.

-Qué le espera a un melómano hoy, claro, uno como Efe, que se parece a
todo melómano en propiedad... ¿soledad? ¿Música para sobrevivir? ¿Neurosis?
-En algún momento de la novela se habla de la nostalgia del melómano como una enfermedad y se dice incluso que se han detectado varios casos clínicos; pero también se dice que la enfermedad tiene remedio y el remedio consiste simplemente en escuchar más música. Eso es la melomanía.


-¿Cuánto duró el proceso de escritura de la novela y cómo fue ese proceso?
-Fueron dos años o un poco más. No me queda mucha memoria de todo el proceso, pero sí puedo decir dos cosas. Primero, que todo fue muy intuitivo, por la sencilla razón de que yo nunca antes había hecho una novela. Y segundo, que ahí están condensadas muchas cosas que yo viví o experimenté o imaginé desde muy pequeño: está mi abuela y los cuentos que me contaba sobre Gardel, están muchas cosas de mi historia. Entonces cuando digo que me demoré dos años tal vez estoy mintiendo, en justicia me demoré 28 años, que es la edad que tenía cuando empecé a escribirla.

-La nostalgia del melómano también gira como los discos, una historia que puede recomenzar cada vez que se quiera, hasta que perduren los surcos... ¿hasta dónde se mezclan ficción y realidad?
-Yo creo que en la novela se pueden identificar dos planos: uno son los personajes y el otro los discos que escuchan estos personajes. Esa manera de verlo es, a grandes rasgos, la pista para saber dónde está lo real y donde la invención. Los personajes son ficticios, salvo contadas excepciones y los discos son reales, salvo contadas excepciones. ¿Cuáles son esas excepciones? Ése es el secreto.

-¿Qué opinión tiene usted de la crítica musical en Colombia?
-Me gustaría que tuviera más espacio en los medios, pero no tanto como “crítica” sino como una guía apenas. Que los medios dijeran: “esto es lo que hay” y mostraran las múltiples músicas que existen en el planeta, no solamente cuarenta canciones que se repiten una y otra vez. Y que no confundan hablar de música con hablar de la vida privada del músico.

-¿Cuándo tendremos noticia de su producción literaria nueva?
-Hombre, a mí también me gustaría saber. Ya hay una novela escrita, se llama “La luna”. Ya está escrita, sólo hay que esperar la decisión de los editores.



ENTREVISTA ORIGINALMENTE PUBLICADA EN LA REVISTA LA TERCERA ORILLA, Facultad de Literatura Virtual. UNAB, No. 2.

http://www.unabvirtual.edu.co/descargas/revista/to09122008/garay.html

miércoles, 2 de diciembre de 2009

¿Quería Cala Matar a Bukowski o era simple efecto de la resaca?

Entrevista a Marco Antonio Cala Acevedo, escritor bumangués.
Por: Carlos Andrés González León.

“Aquel que canta no pretende que sus cábalas sean algo desconocido; al contrario, se precia de que los pensamientos altaneros y malvados de su héroe se encuentren en todos los hombres” Conde de Lautrémont – Cantos de Maldoror (Canto Primero)


Marco Antonio Cala Acevedo fue alumno de uno de mis cursos de derecho financiero en la universidad. Lo recuerdo por su acento marcado, muy santandereano. Siempre lo creí dispuesto a todo, incluso a matar al profesor. Lo veía de lejos sin imaginar que pudiera ser escritor y que por esos años fuera guitarrista de un grupo de metal. Luego apareció en Facebook ofreciéndome el libro que había publicado, su tercera novela: Matar a Bukowski.
-Ya la leí, -le escribí, y para ser franco, nos debemos una conversación.
Así fue, al mes nos encontramos en mi oficina en una reunión rápida, acelerada y sobria: rápida porque fue corta, solo hablamos de libros y autores en común; acelerada, porque yo tenía una cita hacia el mediodía y Cala vive la vida a mil, y sobria, porque ya no bebe y yo tenía algo de resaca de la noche anterior, por lo que sólo quedó el recurso del café y el agua. Se llevó unos libros y me dejó otros, con la condición de volvernos a ver, hablar de lo leído y hacer la entrevista.

C. A.G.L.: ¿Por qué Matar a Bukowski?
M. A. C.: Bukowski es uno de mis ídolos y para poder liberarse hay que matar a los ídolos.
C. A.G.L.: ¿Cuándo conociste a Bukowski?
M. A. C.: Fue accidental, pues ni sabía de él. En una librería vi uno de sus libros , lo cogí, compré y leí, y como suele pasar, desde ese momento me gustó, me enamoré hasta que lo maté (risas).
C. A.G.L.:¿Por qué escribe?
M. A. C. : Por necesidad, porque no ha habido más que pueda tolerar en un oficio; por desahogo, estoy en esa etapa. Ya lo había intentado con la música pero no fue suficiente y terminé escribiendo y es en lo que mejor me siento.
C. A.G.L.:¿Cuáles son sus influencias en la literatura?
M. A. C.: Son muchas; siempre digo unas y luego aparecen otras: Bukowski, Rubén Fonseca, Álvaro Absalón Becerra, Mario Vellatín, escritor mejicano a quien conocí en Bogotá, Curt Bonegut, American Psico.
C. A.G.L.:¿Cuándo empezó a escribir?
M. A. C.: Empecé a escribir luego de un viaje a los Estados Unidos. Yo estudié derecho pero nunca me encontré ni me vi como abogado, simplemente lo hice porque pensé que era un buen negocio mientras mi papá me daba el alpiste y la dormida; así lo mantenía contento. Por eso cuando terminé mis estudios y encontrar que eso no era lo mío me fui de viaje a E. E. U. U. por cuatro años, haciendo de todo, pero amargado y aburrido, tanto que hasta terminé en la cárcel, llevándome un canazo de 76 días. Luego regresé a Colombia y ya en Bucaramanga, estuve trabajando en varias cosas sin encontrarme en ninguna, por lo que empecé a escribir. Tenía muchas historias. Historias que desde pequeño relacionaba con mi gusto por el cine; cuando tenía once años recuerdo que tenía un primo al que también le gustaba el cine y me llevaba con él, luego yo le contaba la película que había visto a mis amigos. Así que para mí fue normal, por lo que desde hace cuatro años más o menos empecé y no he parado. Es un vicio que no se puede dejar.
C. A.G.L.: ¿La primera novela es Matar a Bukowski?
M. A. C.: No, Matar a Bukowski es la primera publicada. Hay otras.
C. A.G.L.: ¿Cuáles?
M. A. C.: La primera que escribí se llama “Macabros hallazgos acerca de la evolución femenina”; después escribí “Pesadilla Editorial”, luego “Matar a Bukowski”; ahora mismo estoy en más de la mitad de una novela que se llama “El atentado en contra de Shakira y su vida después del holocausto nuclear”.
C. A.G.L.: ¿Se puede contar?
M. A. C.: Claro, lo que pasa es que tengo ahora la presión porque llevo rato escribiéndola.
C. A.G.L.: ¿Muy complicado el proceso?
M. A. C.: No tanto, lo complicado es tanta incertidumbre cuando uno necesita tranquilidad para escribir.
C. A.G.L.: ¿Cómo son sus métodos de trabajo?
M. A. C.: Soy muy vago para eso, creo que leo diez o veinte veces más de lo que escribo. Le dedico más tiempo a leer a otros autores que a escribir. No me obligo a horarios rígidos. Puedo pasar quince días sin tocar el computador. Por eso digo que esos asuntos de la influencia de los que hablábamos son ciertos. Así uno no haya leído mucho a un autor, su influencia queda, por eso las listas de autores que influyen en uno son injustas, pues son inagotables. Por ejemplo, Castro Caicedo dice que cuando él escribe sus libros no lee nada para no recibir la influencia de otros en su escritura. Eso me parece ridículo, porque no se puede negar lo que hay detrás. Nunca dejo de leer así como no se puede negar a la mama.
C. A.G.L.: ¿Y las otras novelas escritas en donde andan?
M. A. C.: Andan en concursos. Pesadilla Editorial tuvo un reconocimiento: llegó a las finales en el concurso Ángel Miguel Polanco, salí cuarenta entre ciento cuarenta…
C. A.G.L.: ¿Cómo es el proceso de revisión de textos?
M. A. C.: Una tortura. Es el aprendizaje. Al principio se mancha el nombre, luego se corrige.
C. A.G.L.: ¿Por qué se publica Matar a Bukowski y no las otras?
M. A. C.: Porque son autobiografías y Matar a Bukowski es una novela corta y es la más autobiográfica de todas. En Matar a Bukowski le meto un dedo en el culo al mundo. Esto es lo que soy y aquí hay un 70% autobiográfico y un 30% de ficción. Me libero como escritor y como persona.
C. A.G.L.: Algunos escritores ejercen otras profesiones para sobrevivir, usted solo vive de escribir, ¿cómo es eso?
M. A. C.: Es algo de convicción. La meta se alcanza y no sobra que se aparezca la virgen. No tengo presiones de familia como esposa e hijos, solo respondo por mí. Puedo dedicarle todo el tiempo a la escritura, y si fracaso, el fracaso es mío, sin involucrar a nadie en él. Con esta novela me ha ido bien. Los escritores que conozco me han dicho siempre que siga adelante y no le crea a nadie…
C. A.G.L.: ¿Cómo ves la escritura en Santander?
M. A. C.: No la veo. Uno conoce escritores pero no hay difusión. Uno no sabe que tan buenos son porque no se tiene no en dónde ni cómo leerlos. Es más, hace poco nos invitaron a cuatro escritores santandereanos para hablar sobre nuestra experiencia en la Feria del Libro en Bogotá, el evento era en la Biblioteca Gabriel Turbay, y allá aparecí muy cumplido y emocionado y no llegó nadie. Nos tocó devolvernos a los cuatro escritores con nuestra experiencia en el bolsillo. El panorama es triste: ranchera, vallenato y guarapo. No hay aprecio serio por el arte.
C. A.G.L.: ¿Qué le dirías a alguien que va a leer Matar a Bukowski, sobre todo si estudia literatura?
M. A. C.: Yo soy empírico. Creo que las reglas obstaculizan escribir. Lo importante de escribir es que nazca del corazón y eso la gente lo reconoce.
C. A.G.L.: ¿La música ha tenido alguna influencia en su obra?
M. A. C.: Solo en haber escogido escribir. Nada más. Fui metalero y tengo que escribir sobre esa época. Estuve con dos bandas de metal al piso: Morbidus y Tortura. La expresión me llevó a la escritura.
C. A.G.L.: ¿Qué perspectivas tiene?
M. A. C.: Seguir dándole y tratar de ver las oportunidades. Sin apoyo la batalla es dura, lo importante es seguir escribiendo.
C. A.G.L.: ¿El terror a la hoja en blanco?
M. A. C.: No, el temor a que no me descubran. Es como quedarme siendo un animal en vía de extinción.



Ciudad de los Búcaros, septiembre de 2008.

Entrevista publicada en la revista virtual La tercera Orilla, No. 2 del programa de Literatura Virtual de la UNAB.

http://www.unabvirtual.edu.co/descargas/revista/to09122008/bukowski.html

viernes, 19 de diciembre de 2008


miércoles, 10 de diciembre de 2008

TOM WAITS, para qué más cuando la noche apenas comienza....



Qué puedo decir: Me gusta la música de Tom Waits, me gusta su actitud... Al borde de todos los bordes con el mundo entre los dedos, sutilmente atrapado... Aun recuerdo la primera vez que lo oí en un bar... Sus dos primeros álbumes dejan a cualquiera fuera de borda y con el grito "Hombre al agua" en el ambiente, sin querer salir de allí. Hoy me encuentro por la red con este artículo de Bruno H. Piché, quién directamente transcribe del libro Mac Montandon, Tom Waits / Conversaciones, entrevistas y opiniones, Barcelona, Global Rhythm Press, 2007) algunas citas... estoy de acuerdo con él, no es necesario decir más... yo también lo transcribo (pueden leerlo en esta dirección: http://www.letraslibres.com/index.php?art=13213 ).
Y ahí va, Tom Waits...

– No vayas tan lejos en el pasado. Ahí atrás me pierdo. (Magnet, 2004)


– Me gusta la contaminación, el tráfico, la gente rara, los atascos, los vecinos molestos, los bares abarrotados, y paso la mayor parte del tiempo en el coche yendo a ver una película. (Nota de prensa de The Heart of Saturday Night, 1974)

– Pueden pasar muchas cosas en el viaje cuando algo tiene que descender todo el trayecto desde tu cerebelo hasta tus dedos. A veces escucho discos, mi propio material, y pienso, Dios, la idea original para esto era mucho mejor que la mutación a la que hemos llegado. Lo que procuro actualmente es captar lo que surge y mantenerlo vivo. Es como acarrear agua con las manos. Quiero conservarlo todo, y a veces cuando llegas al estudio ya no queda nada. (Option, 1989)

– Pasé un periodo en que era como daltónico con respecto al sonido. O astigmático del oído. (Magnet, 2004)
                                                                                    

– Al cabo de un tiempo, la música con muchos instrumentos de cuerda suena como Perry Como. Esa es la razón por la que ya no trabajo demasiado con el piano. Es como la escuela. Quieres verla en llamas. (Playboy, 1988)

– Cuando las leyes que gobiernan tu locura privada se aplican a la rutina diaria de vivir, tu vida puede coagularse y colisionar. (Musician, 1987)

– Mi esposa ha sido genial. He aprendido mucho de ella. Es católica irlandesa. Tiene todo el oscuro bosque viviendo en su interior. Me empuja a lugares a los que yo no iría. ¿Y los niños? Creativamente, son asombrosos. El modo en que dibujan, ¿sabes? Se salen de la hoja de papel y siguen dibujando por las paredes. Desearías ser tan abierto. (Playboy, 1988)

– Desde pequeño pensé que los mendigos y los vagabundos, la gente que vivía al raso, sabían algo más, o algo distinto. Estaba convencido de que los que no tienen nada lo tienen todo. Ya sé que esto no es verdad a la fuerza, pero me lo creí e intenté vivir durante mucho tiempo con muy poca cosa. Un sitio abierto y un corazón abierto: eso me pareció importante. (El País, 1999)

– El hecho de que tú no pesques nada no significa que no haya peces ahí afuera. (LA Weekly, 1999)

– Mi esposa y yo leemos el periódico y recortamos cientos de artículos, y entonces leemos el periódico de ese modo, sin todo lo demás. Es nuestro propio periódico. Hay mucho relleno en el periódico y el resto es publicidad. Si lo condensas y te quedas con las historias esenciales, como la historia sobre el pez con un solo ojo y tres colas que hallaron en el lago Michigan, renuevas totalmente tu relación con el periódico. (Magnet, 1999)

– El día que recogen la basura, te das cuenta que alguien está husmeando en la tuya, sacas la cabeza por la ventana y le dices: “¿Qué demonios está haciendo?” Y entonces se va y tú empiezas a revisar tu propia basura. Empiezas a reevaluar la calidad de tu basura, preguntándote si habrás cometido algún terrible error, si habrás tirado algo que ahora va a ser esencial en tu vida. (LA Weekly, 1999)

– Todos mezclamos verdad y ficción. Si estás atascado en un lugar de la historia, te inventas la parte que necesitas. (Rolling Stone, 1999)


– He dormido en un cementerio y viajado en trenes de carga. (Magnet, 1999)

– Hay una soledad común que se extiende de costa a costa. Es como una inconexa crisis de identidad común. Es la oscura, cálida, narcótica noche americana. Sólo espero llegar a palpar ese sentimiento antes de hallarme a mí mismo uno de estos días en la Calle Fácil. (Newsweek, 1976)

– La razón por la que los teatros no hacen espectáculos los lunes por la noche es porque los lunes por la noche eran la noche de la Horca, y nadie podía competir con la noche de la Horca. Hasta hoy, los teatros permanecen a oscuras los lunes. (Magnet, 2004)

– ¿Qué será? ¿Un infarto en un baile? ¿Un huevo tragado por el conducto equivocado? ¿Una bala perdida que llega desde un conflicto a dos millas de distancia, rebota en un poste, atraviesa el parabrisas y agujerea tu frente como un diamante? ¿Quién sabe? Fíjate en Robert Mitchum. Murió mientras dormía. Eso está bastante bien para un tipo como Robert Mitchum. (Magnet, 2004)

– La mayoría de nosotros no estamos preparados para absorber la verdad de lo que realmente está pasando. (Magnet, 2004)

– No soy el Payaso Sonrisas. O Bono. No corto el listón en las inauguraciones de supermercados. No me pongo del lado del alcalde. Tira tu pelota en mi patio, y no volverás a verla. Tengo solamente un círculo íntimo de amigos y seres queridos; lo que se llama un círculo de confianza. (The Onion, 2002)

– Soy tan sólo un rumor. (New Musical Express, 1975) ~



Para los amantes de su música, pueden buscar esta dirección y proceder como quieran:

http://www.taringa.net/posts/musica/1549027/Tom-Waits:-discografia-full-+-bootlegs.html

domingo, 23 de noviembre de 2008

Bocetos y fugas para el camino a la contemplación: la música de Juan Pablo Cediel

Entrevista publicada en la revista de AUDITORIO de la dirección cultural de la UIS (No.12 Noviembre de 2008).
Por Carlos Andrés González León

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Conocí a Juan Pablo Cediel hacia el año 2002 cuando iba a los ensayos de El Barbero del Socorro en casa de Carlos Acosta de Lima. Me llamó la atención el hecho de que este sangileño de pura cepa era zurdo y que mantenía la guitarra con sus cuerdas en el mismo orden (el tiránico orden de los derechos) y para tocarla simplemente la volteaba. No sabía que su instrumento de estudio era el piano y menos de su amor por la composición y la orquestación. Hoy, en los tiempos revueltos de la era de acuario y del recalentamiento global, Juan Pablo ha lanzado su primer albúm que incluye once piezas de su autoría. Y como los músicos de provincia, lleva los discos consigo, siendo él y su público incondicional sus únicos promotores.

Habíamos quedado de hacer una entrevista en la universidad el cinco de septiembre, mientras tomábamos un café, ambos incumplimos la cita, pero hacia las seis de la tarde, luego de una afanosa llamada, ese mismo día apareció por mi oficina en el Parque Bolívar, en donde lo esperaba para hablar sobre su primer álbum y sobre su música. Descargó su morral y mientras oíamos a Bill Evans con su trío tocando en vivo desde Tokio un tema de Alberto Cortés, en plena tarde lluviosa hasta el capricho, me informó de los datos básicos: que era maestro de música de la UNAB con énfasis en teoría y composición; que tenía 25 años y que fue de ese grupo de estudiantes que tuvo la fortuna de haber sido alumno del maestro Blas Emilio Atehortua durante su estadía como profesor en Bucaramanga, así como de Pedro Sarmiento; que inició sus estudios de música desde los doce años impulsado por su padre, Elías Cediel, docente y músico empírico, quien le enseñó el ABC de la música y que su maestra de piano fue la pedagoga española Emilia Gómez de Carreño.

Odio la tiranía de la entrevista con los amigos, con quienes es mejor conversar, Juan Pablo es muy serio en lo suyo y además fluido y técnico, así que luego de revisar los discos y los libros, se sentó para dejarse llevar por las palabras. Le pregunto por sus influencias. “Mi música es producto de muchas formas de música, si bien para mí lo principal hoy es la música popular, puedo encontrar con claridad la influencia de la música colombiana, del jazz y del rock, y por supuesto, de la formación clásica, que fue parte de mi educación natural”.    

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 Los músicos en el Auditorio Luis A. Calvo
-En su disco hay un gran nivel de fusión entre esos géneros musicales, ¿Qué aceptación ha tenido?
-No es fácil para los románticos de la música colombiana, que son muy ortodoxos en sus apreciaciones. Si bien la ortodoxia hay que respetarla, no se debe ser extremo, pues sería una equivocación pretender que un músico no se salga en su trabajo de un determinado patrón. El músico debe abrirse a otros lenguajes. Nosotros, culturalmente, somos una mezcla y por esa misma razón no podemos estancarnos, pues existen otras posibilidades tímbricas y rítmicas, sin que se trate de jazz o de rock, sino de nuevas sonoridades, algo mucho más sencillo.
-¿Cómo fue el proceso de composición del material que integra el disco?
-En realidad el proceso duró un periodo de tiempo comprendido entre los años 2005 y 2008. Siempre llevo conmigo una agenda, un diario en el que escribo en los ratos que me permite el trajín, sea en un café o en una tienda de esquina, son bocetos, notas que luego arreglé y desarrollé, algunos directamente en el estudio, otras en el papel, de manera previa.

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Todo Cediel en acción

-¿Cómo fue el proceso de grabación?
-Grabamos con Edwin Castañeda, tiplista y requintista, en sus equipos.
Esa fortuna de haber contado con uno de mis amigos Barbero del Socorro, me permitió además abaratar gastos en el trabajo intenso y en las discusiones que tomaron su tiempo. Se hizo una maqueta, y luego vinieron las grabaciones con Daniel Gómez (contrabajo), Edwin, Miguel Rodríguez, que es excelente improvisando solos en la guitarra, y Jeyson Castellanos, en la batería y la colaboración de Diego Serrano en algunos temas.
-¿Qué caracteriza los temas del disco?
-La sencillez compositiva. Casi todos fueron miniaturas en su origen y se quedaron así. Otros temas se complementaban por el lugar en que fueron escritos, por ejemplo, me influenció mucho el hecho de haber podido viajar a Europa y haber podido oír la música nueva en Francia y España; haber conocido el jazz alemán contemporáneo que reúne a un tiempo elementos muy clásicos con rasgos de la música que ellos hicieron hace doscientos años, con sonoridades muy europeas. Además tuve la oportunidad de ver grupos de todas las nacionalidades, desde grupos africanos a grupos americanos y europeos, durante los festivales en los que tuve la oportunidad de estar. Esa especial recepción de sonoridades y de texturas influye en lo que haces, nunca las olvidas Quiero buscar esas sonoridades y manejo de lenguaje en la música de mi país.
En otros temas lo que importaba era la textura y dependían de ella, por ejemplo en “Bocetos” primero escribí la parte A y así quedó; luego empecé a ver que había temas que tenían el mismo formato y los uní junto con el sólo de contrabajo y los cortes para batería, acompañados del piano.
-¿Cómo va el disco comercialmente?
-Creo que muy bien. El público del disco y de los conciertos es joven y principalmente universitario, no sólo estudiantes de música.
-¿Cómo ves el trabajo de músico, compositor e intérprete en la región?
-Mejorando. Hace diez años eran muy pocos los que se atrevían a correr el riesgo.
Quizás en Bucaramanga el maestro Carlos Acosta de Lima fue el primero en correrlo en forma seria, y justo a él se debe gran parte de ese proceso de formación y difusión cultural. Lo hizo con el jazz y con la música colombiana; un ejemplo de ello fue El Barbero del Socorro, agrupación de la cual hicimos parte un grupo de músicos, algunos se fueron dentro de su proceso natural de formación, otros se quedaron; tengo presentes a Edwin, Adrián Manrique, Ricardo Varela Gabriel Jiménez, Jacobo Reyes y a Rafael Villamizar, todos reconocidos como grupo y de manera individual por su trabajo de más de diez años.

-En este momento, recién salido al mercado su primer disco, ¿Qué perspectivas tiene?
-Seguir escribiendo. Hacer música para formatos más grandes como orquesta sinfónica . Lo que obliga a continuar con mis estudios. Ahora estoy trabajando para el formato de banda y de orquesta que tiene intensidades y timbres más difíciles.
-¿Cómo definirías la música que integra el álbum, como trabajo de arreglo y composición y como trabajo de grupo?
-Es música colombiana, con fusión, armonía y frases del jazz. El formato del grupo integra la música colombiana, la fusión, el jazz, y la música clásica. Sin embargo, la carga de espontaneidad la hace música de corazón y espíritu más que de estudio.
Luego de que se va de mi oficina dejo que suenen los once temas que integran el disco… Bocetos de un período de vida, anotaciones de un joven de provincia que extiende su mano a la música que su maestro Acosta, ha llamado música total… La noche sigue caprichosa, llueve y ventea, entre la contemplación, los bocetos… en un lugar de la tinta.

Ciudad de los Parques
Septiembre 5 de 2008.